La discusión más acalorada del capítulo 6 tuvo dos películas como protagonistas: Torrente y la Odisea de Christopher Nolan. Víctor lo planteó a lo bruto: puedes decir que Torrente no te gusta, pero ¿cuánta gente la ha visto y cuánto ha generado? Para él, con un presupuesto mucho menor, Torrente «ha sabido leer a la gente» y le da lo que quiere. La cifra le da aire: según Espinof, Torrente presidente superó los 27 millones de euros en cines y entró entre las 25 películas más taquilleras de la historia en España. David Couso no se lo dejó pasar tan fácil, y de ese choque salió una de las ideas más útiles del episodio.
Torrente contra la Odisea: el ejemplo que no era tan claro
David, coordinador de dirección en series y publicidad, matizó: estamos comparando la película española más comercial del año con la americana más comercial del año. Torrente es un proyecto de poco presupuesto de rodaje, pero con muchísimo dinero invertido en publicidad. Y Nolan no hace la Odisea pensando en el espectador, porque si lo hiciera no la haría; la hace porque le apetece contarla. Es ego, o vocación, como le pasa a casi cualquier director que desarrolla desde su inquietud artística.
Lo que sí reconoció es el modelo de negocio de la saga: en la conversación salió la relación de una película que cuesta un millón y genera catorce, repetida en cinco o seis entregas. Como relación de amortización, es muy difícil de batir. Pero David añadió algo que conviene no olvidar: muchas veces, incluso pensando al cien por cien en la gente, la fórmula no funciona, y a veces lo que triunfa es justo la ruptura con lo que parecía que el público quería.
Cada escala tiene su propia clave del éxito
Para David, todo se resume en encontrar la clave del éxito, y esa clave no es la misma en cada escala. En una superproducción como la de Nolan puede ser el elenco: solo los actores, entre Zendaya, Matt Damon y compañía, rondan los 150 millones de dólares. En una producción pequeña para una plataforma como Atresplayer es otra. Y en el cliente pequeño, el de la crema antijuanetes, es pensar cómo darle una vuelta a lo que hay para que un presupuesto pequeño funcione como uno grande.
Esa diferencia de escala es la misma que se discutió en filmmaker contra Netflix: no juegas en la liga de los 150 millones, así que tu ventaja no puede ser la misma.
El gato de Mixta
Y entonces David contó el ejemplo que todo filmmaker con poco presupuesto debería tener a mano. Hace unos quince años, Mixta era una cerveza con limón que nadie quería beber: no tenía mercado. De repente salió un spot de 20 segundos, en plano fijo, con un gato al que le ponían voz encima. Y ya está, no tenía más producción. El producto despegó.
Su conclusión: la clave del éxito en presupuestos pequeños siempre ha sido la creatividad, y esa creatividad puede hacer que tu producto suba a las nubes. Por eso animó a cualquier filmmaker que vea el capítulo a trabajar la creatividad desde la carencia de presupuesto, no a pesar de ella. Es lo mismo que defendemos en algoritmo o storytelling: una buena idea contada con intención llega más lejos que una producción cara sin nada que decir.
Valores y personas: no todo se compra a cualquier precio
Víctor llevó el debate a lo que considera el punto de partida. Primero, sentido común: no hacer proyectos que vayan en contra de tus valores o de tus principios, porque no todo se puede comprar a cualquier precio. Y segundo, que tanto en producciones grandes como pequeñas, el objetivo final son las personas, ya sea un producto humanitario, de venta pura, de entretenimiento o de humor. Si dejas de pensar en el cliente final, te pierdes en egos y comparaciones que no alimentan el sector. Elegir con qué proyectos y clientes trabajas es el filtro que desarrollamos en el cliente tóxico lo atraes tú.
No convertirte en un mercenario y cuidar la batería
David añadió la otra cara: para no convertirte en un mercenario de la industria, que se mueve solo por quien le paga más el siguiente proyecto, hay que construir con el tiempo un criterio propio. Un criterio unido a esos valores que te permita hacer criba y desarrollar proyectos que te gusten, que conozcas o que quieras contar. «Siempre hay que vivir», reconoció, pero en la medida de lo posible hay que dejar de ser mercenario.
Lilo cerró el capítulo con la frase que lo ata todo. Los tres se dedican a algo que les apasiona, y por eso el equilibrio entre hacer lo que les gusta y hacer lo que factura tiene que estar muy pensado: es lo que evita quemarse a largo plazo. Por mucho dinero que te dé un sector, si no estás cómodo no lo vas a aguantar. Para Lilo, esa parte artística que te mueve cada día es la batería de todo creador. Y es también la que permite convertir un presupuesto corto en una idea que vende, como explicamos en el vídeo vende, ¿por qué cuesta cobrarlo?.
Preguntas frecuentes
¿Se puede competir con poco presupuesto?
Sí, si no intentas competir en producción. El caso de Mixta lo demuestra: un plano fijo y una idea bien pensada pueden mover un producto que nadie quería.
¿Cómo trabajo la creatividad cuando el cliente paga poco?
Empieza por la limitación: qué no puedes hacer y qué sí puedes hacer mejor que nadie con eso. Una idea fuerte en un formato sencillo suele rendir más que una producción mediana sin concepto.
¿Y si todavía no tengo un criterio propio?
Se construye proyecto a proyecto, eligiendo lo que quieres contar y siendo honesto con lo que ya sabes hacer. No vendas una experiencia que aún no tienes; lo contamos en el síndrome del impostor.
Si trabajas con presupuestos cortos y quieres que tus ideas pesen más que tu equipo, en la auditoría 1:1 buscamos juntos la vuelta creativa de tu oferta.
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